El extraño liderazgo emparapetado en la turbulencia para mantener en el fondo, inerte a la gente

Por Victor Polo R
Llega un tiempo en el que las hojas del árbol se dejan caer al suelo y junto a las otras igual que ella, amontonan colchones enteros de hojarasca que el propio viento decide llevársela al cielo desconociendo hasta ahora la dirección donde reposan por siempre .
Pero hay otras, que son hojas de los árboles de la ciudad. Esas caen en nuestras aguas, en medio del estruendoso sonido de silencio flotan cierto tiempo; pero luego envejecidas y tostadas por el sol dejan de pelear por permanecer a flote, es cuando se van al fondo y reposan sin ninguna intención de aliento de volver a subir .
Consideran que en el cotidiano de sus muchos días les tocó soportar los fuertes vientos, la inclemencia del tiempo para luego dejarse caer maduras ya esperando que el soplo del viento sea su último tren hacia el lugar destinado para ellas .
Pero no es así, aún en lo profundo del fondo donde existen encuentran otro enemigo; el maestro de la turbulencia, especialista en mantener revuelta el agua en la superficie para crear una enorme indiferencia e inexistencia de lo que existe en el fondo que no es otra cosa más que la realidad de los años, de generaciones que han existido, muy a pesar que no están vigentes, hicieron parte de la vida de la ciudad y lo más importante aún existen .

Esa es la memoria de la ciudad en carne y hueso . Que aún tiene vocabulario propio, lenguaje visual y oral, con sus sentidos completos, recordándonos siempre que este presente no comienza con un nuevo Adan, sino que hace parte de una historia que se escribió desde siempre .
El pescador de hoja tiene una apariencia inofensiva de hecho posa estéticamente y vende la idea de ser un digno vocero de los indefensos. Pero en el fondo con su larga vara y canasta recogiendo las hojas que aún están en la superficie, es el encargado de revolver el agua hasta volverla turbia, evitando que la transparencia de la verdad deje al descubierto el canalla y delincuente que engendra.
La ciudad tiene que entender que debe detenerse para descubrir el peligroso juego en la cual ha caído . Se vienen tiempos muy difíciles , donde el pescador de hoja sofocará las masas, alimentará las divisiones como lo hace todo Enemigo Público y solo la sensatez nos podrá dar la oportunidad de tomar las decisiones correctas para el bien de Santa Marta.
El desaliento causado por la impunidad en esta ciudad no debe ser el motivo para permanecer en el fondo del foso. Antes por el contrario lejos de responder con las mismas canalladas se hace necesario que la gente saque el lado decente que lleva para recuperar lo que nosotros mismos los samarios entregamos en bandeja de plata.

