Me fui de vacaciones para Santa Marta

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Pido mi periodo de vacacione siempre al inicio de cada año, Esta vez no fue la excepción y lo primero que me preguntan los amigos es ¿Para donde viajo?, entonces les respondo, viajo a Santa Marta.

Las vacaciones del año pasado mi familia me regaló un viaje a Republica Dominicana y durante dos semanas lo disfrutamos de manera excelente; este año, mis vacacione las vivo, las disfruto en Santa Marta.

En el sano ejercicio de la permanente comunicación encontramos los mismos escenarios todos los días, es decir, el Morro sigue en el mismo lugar, La Sierra Nevada igual, Minca, Taganga, Bonda, Mamatoco y la Troncal del Caribe con sus ríos, quebradas, hoteles y hostales, allí están siempre.

Pero construir cada día una voluntariosa gana de ver cada escenario natural con los vestidos nuevos del amanecer o, por ejemplo, la forma como Dios despide el día en la ciudad en la bahía de Santa Marta derramando un derroche de consonates entonaciones de colores que enmudecen el verbo y solo pernocta la mirada con el imaginario que acelera el ritmo cardiaco y pone a circlar la sangre por nuestras venas a altas velocidades sin siquiera dar un paso a ningún lado.

No tengo nada en contra de quienes viajan y tiene esa oportunidad de conocer nuevos lugares al tiempo de disfrutarlo, solo que mis vacaciones las prefiero en medio de este salvaje colorido que nos reconoce y nos brinda la oportunidad de descubrirlo aún más en sus sabores, aromas, en una relación que va mas allà de la mirada cotidiana del que vive en esta tierra.

El mejor lugar para construir nuevos contenidos es Santa Marta, pero pasa igual como cuando vemos crecer al muchacho en el barrio, se hace profesional y no nos hacemos atender de èl porque lo conocimos descalzo en la calle pateando una pelota. Y quienes nunca compartieron esa experiencia primaria del crecimiento le llenan el consultorio y le reconocen.

Igual pasa hoy con la ciudad que nos ha dado la oportunidad de estar en su vientre, nos ha alimentado, cuidado, protegido, inspirado, pero tenemos la sensación que no puede satisfacernos completamente perdiéndose de una enorme oportunidad de consumir lo nuestro por su estado original y calidad.

 Pero lo digo una vez más, no estoy en contra de los que prefieren viajar, están en todo su derecho. Solo que en mi humilde opinión prefiero anclarme en las profundidades de esta arena y saborear todo aquello que tenemos descubriendo en este recorrido nuevas cosas que siempre han estado allì pero que no nos habíamos detenido para apreciarlas.

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