El secuestro de la libre opinión de los presidentes de la JAC en Santa Marta no puede repetirse
Por Víctor Polo R
Los presidentes de las Juntas de Acción Comunal son el gran semillero de liderazgo de la ciudad. Su espontaneidad y conocimiento propio de los lugares donde la propia comunidad los ve crecer rompe con el viejo refrán que “no hay profeta en su tierra”, ya de echo lograr el posicionamiento entre la propia gente que le conoce lo reviste de un carisma especial que hay que saber acompañar para que su crecimiento sea progresivo en beneficio de sus comunidades y nunca jamás , convertirlo en un simple representante con vocería pero sin tener en cuenta sus opiniones sobre los problemas, reclamos y punto de vista que tienen.
Recientemente viví la triste experiencia de un presidente de la JAC que molesto me reclamó porque asistí a su barrio donde existe una de las obras siniestradas por el reciente gobierno distrital, el tristemente famoso CDI Bonda.

Pese al daño causado a la comunidad por el esqueleto de la obra, ella se atrevió a defender a quienes directamente son los responsables, cuando su deber ser y por eso el revestimiento de lo que representa, es defender los intereses de la comunidad; sin embargo en varios barrios no pasa eso, extrañamente los perjudicados se solidarizan con quienes han causado ese perjuicio porque fueron seducidos por un populismo que llevó hasta esos lugares, pobreza, corrupción por el incumplimiento de las obras, dándole solo mas promesas y tarimas donde proyectaban de principio a fin proyectos que quedaron en esas presentaciones.
La enseñanza aprendida debe reflejarse en el sentido que ningún presidente de junta o edil debe casarse con partido político o movimiento. Al tiempo de valorar lo que realmente representan para la Sociedad Civil y en especial de los lugares de donde provienen.

Tienen que comprender que no le deben nada a nadie y que su misión es trabajar por sus comunidades en la búsqueda de mejores estados de vida en seguridad, educación, salud, recreación, deporte y tantas otras cosas más. Hoy la ciudad debe liberar la opinión secuestrada de los presidentes de juntas de acción comunal. Que digan lo que quieran decir de acuerdo a su necesidad, que pidan lo que creen es lo más urgente, que exijan soluciones a los problemas que más les afectan, en términos generales que se sientan libres de cualquier color de camiseta impuesta y sus grilletes sean rotos para que opinen con libertad en la búsqueda de las verdaderas soluciones a sus problemas.

